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Capítulo 3: En llamas

Había transcurrido media hora. Las agencias espaciales continuaban en silencio, como ya todo lo estaba alrededor de Susan. No había esperanza en una aparente muerte reversible para sus compañeros. Llegado a este punto, no había retorno; habían fallecido. Lloró en soledad, por la pérdida y por saber que no recibiría consuelo. Un beso, un abrazo, un gesto amigable, estaban fuera de su alcance, psicológicamente estaba preparada para afrontarlo, aunque no por ello desaparecía el dolor. Pero para lo que no lo estaba era para perder el contacto con la Tierra; muchas cosas dependían de ello, incluyendo su propia vida.

«¿Por qué no contesta nadie?». Seguía sin tener respuesta a esa pregunta. Solo sabía que, por muy extraño que pareciera, aparentaba existir una correlación temporal entre la muerte clínica de los astronautas y la inexistencia de noticias por parte de las agencias. Demasiada coincidencia para que fuera una casualidad. No sabía lo que había sucedido, ni cómo ni por qué, pero tenía que haber una explicación. «Tiene que haberla». Pensó en repasar el historial de datos. Tal vez encontrara algún indicio, en el planeta o en el espacio, no podía descartar ninguna posibilidad. Aunque en ese momento, la lógica no era su prioridad, sino sus sentimientos.

A modo de despedida, dio una suave palmada a Robert, luego a Mikhail, Thomas y Koichi, y se dirigió al módulo Cupola. Esa zona de la Estación Espacial Internacional estaba acristalada, desde allí podría ver la Tierra. Necesitaba sentir su presencia, contemplarla aunque fuera desde la distancia. Eso la reconfortaría, un poco al menos. A falta de comunicación con el planeta, era lo único que podría hacerlo.

Se acercó a la cúpula y, por un momento, se abstrajo en la superficie azul. Aún recordaba el sentimiento que tuvo al verla desde allí arriba por primera vez, incomparable, aunque ahora a Susan lo que le transmitía en mayor medida era serenidad y calma, y en parte, también alivio. Seguía allí, como siempre. Sin embargo, tras pasar un rato contemplándola, comenzó a distinguir anomalías. Demasiados puntos luminosos en tantas zonas de manera simultánea, y no a causa de luz artificial... A su mente acudió con velocidad un pensamiento. Temía lo peor.